Zika en Cuba

Vivir en el mayor basurero de La Habana
“Aquí tengo comida, ropa, cigarros, y no me cuesta nada”
Lunes, enero 30, 2017 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- A Ramón, todo cuanto lo rodea es basura. Su vida,
desde que se levanta hasta que se duerme, incluso cuando sueña, según él
mismo afirma, es la basura. Tanto es así que ahora, con trozos de
cartones y nailon, se ha levantado una choza en medio del mayor basural
de La Habana, porque allí encuentra cuanto considera indispensable para
sobrevivir.

“Aquí tengo comida, ropa, cigarros, y no me cuesta nada”, dice mientras
no deja de escarbar entre las lomas de basura del famoso vertedero de
Calle 100, una verdadera ciudadela donde comparte su suerte con decenas
de hombres y mujeres para los que la basura es un bien tan preciado como
el oro, es decir, un asunto de vida o muerte.

“Esto es como en cualquier lugar. Hay gente envidiosa, hay ladrones,
chivatos, hay que estar a cuatro ojos”, comenta Ramón mientras muestra
unas heridas en el rostro, las marcas de un combate: “Esto fue con un
tipo al que le decíamos El Zika, ladrón como él solo. Ahora está preso
porque mató a un tipo. (…) Aquí todas las semanas viene un camión del
aeropuerto que deja de todo y la gente lo espera porque hasta botan
sacos de comida que no está mala, tubos de jamonada, quesos, paquetes de
picadillo, salchichas y la gente trata de quitarte las cosas. Incluso a
veces viene gente haciéndose pasar por inspectores o policías para
quitarte las cosas, y nada, es para llevársela, para venderlas”.

En el basural de calle 100 la vida es agitada. Los cientos de camiones
que descargan a diario, incluso a altas horas de la noche, son esperados
por una multitud que incluso sabe identificarlos a distancia. “Ese es el
del complejo lácteo”, “Aquel es de Labiofam”, “Ese no trae nada que
sirva”, comenta Pedro, un amigo de Ramón al que no le caemos bien porque
llevamos cámaras y nos ha visto hacer fotos: “Aquí no se puede filmar.
La gente se va a encabronar y te van a caer arriba”, nos aconseja, nos
intimida.

No obstante, nos cuenta por qué, al igual que Ramón, decidió mudarse al
vertedero: “Hay camiones que no tienen permiso para verter aquí,
entonces vienen de madrugada. Si no estás a esa hora, te pierdes cosas
buenísimas. Aquí se trabaja a toda hora, no importa el camión que sea,
nadie sabe lo que se va a encontrar. Aquí hay gente que se ha encontrado
dinero, celulares, cosas de plata (…) Aquí se han botado camiones de
paquetes de salchicha, de pollo, es un crimen que se bote tanta comida,
¿por qué la dejan podrirse? Es un crimen”, se lamenta Pedro.

Mientras aguardan por los carros recolectores, los hombres se sientan a
fumar y beber bajo el sol, entre los desperdicios. Solo hablan de las
cosas que han encontrado y de lo que esperan encontrar. Todo cuanto
visten ha llegado en esos mismos camiones; también todo cuanto comen,
beben y fuman.

Orlando ha dejado a su mujer y a sus hijos en Guantánamo. Llegó a La
Habana hace más de dos años y también ha ido a vivir al basural de calle
100. Dice que con las cosas que ha encontrado en el lugar ha ido
construyendo su casa en el Oriente del país:

“¿Tú ves esa caja de cigarros? Eso se vende allá sin ningún problema, te
la arrebatan de las manos. De aquí yo me he llevado ropa nueva,
pantalones, pulóveres, suelas de zapato, todo eso se vende aquí o allá.
A la gente lo que le da pena venir aquí, pero en este país hace falta de
todo y mira cómo se botan las cosas. Si no fuera por nosotros todo eso
se quemaba. Allá en Oriente no se bota tanto como aquí en La Habana,
esto es una mina de oro. Yo he construido mi casa con esto”, asegura
Orlando.

Con él trabajan dos jóvenes que también han llegado de Guantánamo
convencidos por el éxito de su coterráneo. Yorelbis y Wilber también
mantienen a sus familias con las cosas que “luchan” en el basural. Están
ilegales en La Habana y, por ley oficial, nadie puede darles un empleo.
No les está permitido permanecer en la capital sin un permiso especial,
un tipo de visado expedido por las mismas oficinas del Ministerio del
Interior encargadas de los pasaportes y otros documentos de identidad.
Los llaman “palestinos”, aunque son bien cubanos, y sus opciones para
ganarse la vida son muy pocas.

“Prefiero estar aquí que no robando o pingueando (prostituyéndose). Esto
no es deshonroso, es un trabajo como otro cualquiera. El problema aquí
es la policía, que si te coge te deporta. (…) De vez en cuando se meten
aquí y arrasan. Nosotros no hacemos nada malo, al contrario, pero no les
gusta que la gente vea esto. Supuestamente este es un país donde hay de
todo, pero ya vez que no es así. Aquí hay que lucharla. Nosotros somos
luchadores, somos guerreros”, dice Wilber y sonríe. Mientras tanto,
Yorelbis y Orlando lo agitan para que deje la “bobería” de hablar con
nosotros. Otro camión se acerca al basural y una nueva batalla comienza.

Source: Vivir en el mayor basurero de La Habana | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/vivir-en-el-mayor-basurero-de-la-habana/

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